NECESARIO, QUE ASEGURADORES ASUMAN UN PAPEL MÁS ACTIVO EN MODELAJE DE RIESGOS POR CAMBIO CLIMÁTICO

El cambio climático causa gravísimos estragos en la salud de las personas y repercusiones en los riesgos que en este ámbito cubren las aseguradoras, por lo que es necesario que el sector asegurador asuma, en coordinación con la comunidad científica, un rol más activo en el diseño de modelos de riesgo con visión de futuro que faciliten identificar, cuantificar y predecir el impacto y reducción de los riesgos derivados del cambio climático y el calentamiento global.

Javier González Maciel dijo esto al ofrecer la conferencia Cambio climático y su impacto en la salud. Una visión para el futuro desde la perspectiva del seguro, durante las 15.as Jornadas de Seguro y Reaseguro, organizadas por Swiss Re, y al mismo tiempo precisó que el objetivo anterior no es tarea fácil. Reconoció que hoy la industria del seguro se encuentra bien posicionada para entender el cambio climático y diseñar soluciones creativas relacionadas con energías renovables y con la disminución en la emisión de CO².

González Maciel señaló que, ante los múltiples factores de riesgo que de manera creciente arrojan los efectos del cambio climático, es evidente que las compañías de seguros necesitarán hacer evaluaciones más precisas de los riesgos sanitarios vinculados de manera directa o indirecta con el cambio climático, para que de esa manera puedan acumular el capital necesario para hacer frente a los siniestros.

De igual forma, Javier González señaló que resultará fundamental que la industria del seguro aporte su experiencia en la recolección de datos, construcción de modelos catastróficos y análisis de riesgos con el fin de delimitar las tendencias, definir los principales problemas que el cambio climático plantea y ofrecer incentivos en términos de prima para las empresas clasificadas por tener “buenos riesgos”, por su clara tendencia a reducir la vulnerabilidad climática.

El expositor señaló que la emisión actual de gases con efecto invernadero es la más alta de la historia, con un incremento de más de 30 por ciento desde los tiempos anteriores a la revolución industrial, y que dicha emisión ha generado cambios importantes en los ciclos del agua a gran escala. A los graves problemas en los ciclos hídricos cabe añadir que los aumentos en la temperatura del agua y la variación en fenómenos extremos, como crecidas, inundaciones y sequías, pueden afectar la cantidad y la calidad del agua y, consecuentemente, la disponibilidad, estabilidad, accesibilidad y utilización de los alimentos.

El cambio climático puede afectar la salud humana a través de mecanismos diversos y representa una grave amenaza para la salud pública a nivel global. Según estimaciones de la OMS, este trastorno será responsable de 250,000 defunciones adicionales cada año por enfermedades diversas. Es así que el cambio climático, aunado a otros factores estresantes, naturales o antropogénicos, tendrá una influencia clara en la salud humana y en los patrones de enfermedad, recalcó González Maciel.

El impacto sobre la salud puede estar mediado, en términos generales, por cambios en la temperatura ambiental, eventos climáticos extremos, incendios descontrolados, deterioro de la calidad del aire, cambios en la calidad y en la disponibilidad de agua y alimentos, cambios en la biología y en la distribución de diversos vectores transmisores de enfermedades (como mosquitos o garrapatas), o efectos mentales y emocionales diversos.

Por otra parte, las temperaturas elevadas aumentan la concentración de contaminantes en el aire, principalmente de ozono y de partículas en suspensión, relevantes para la salud cardiopulmonar. Se ha documentado que los elevados niveles de ozono reducen la función pulmonar y exacerban los síntomas asociados al asma o a enfermedades respiratorias preexistentes.

Los cambios climáticos pueden influir en el comportamiento, distribución y frecuencia de las enfermedades transmitidas al hombre mediante vectores. Aunque se estima que más del 50 por ciento de la población mundial se encuentra actualmente en riesgo, el impacto de las enfermedades sensibles al clima será más importante en poblaciones de menores ingresos, con un efecto negativo derivado de la profundización de las desigualdades sanitarias y socioeconómicas en algunas regiones.

Pero también los efectos del cambio climático pueden producir un impacto profundo en el bienestar psicosocial y en la salud mental, por mecanismos directos o indirectos, como trastornos por estrés agudo, o condiciones más duraderas como trastorno de estrés postraumático, trastorno persistente de duelo complicado, depresión, trastornos somáticos, trastornos de ansiedad, trastornos del sueño, abuso de alcohol o drogas, trastorno de evitación, irritabilidad o disfunción sexual.

El expositor subrayó que el cambio climático no sólo traerá consecuencias a nivel mundial en el terreno de los daños materiales, sino también en la industria del seguro de Vida y Salud. De acuerdo con el Centro de Investigación sobre Epidemiología de los Desastres (CRED, por sus siglas en inglés), entre 2005 y 2014 se han registrado en promedio 335 desastres por año relacionados con el clima, lo que representa un incremento de 14 por ciento en relación con el periodo 1995-2004, y de casi 50 por ciento respecto al periodo 1985-1994.

El costo en vidas y el número de personas afectadas por tales desastres también es elevado. En los últimos 20 años, un promedio de 30,000 muertes por año y de 4,000 millones de heridos o damnificados son atribuibles a los desastres naturales relacionados con el clima. Se prevé que entre el 2030 y el 2050 el cambio climático causará unas 250,000 defunciones adicionales cada año, aunque esta cifra no representa una predicción del impacto total que tendrá el cambio climático en materia de salud.

Aunque todas las poblaciones serán afectadas por el cambio climático, el costo en vidas humanas de los desastres relacionados con el clima dependerá de diversos factores, como el tipo de desastre natural, su localización y duración, así como el tamaño, grado de desarrollo y vulnerabilidad de las poblaciones afectadas.

González Maciel refirió que los países desarrollados cuentan con una mejor infraestructura sanitaria y con mayores recursos financieros y posibilidades técnicas para hacer frente a los desastres naturales. Por el contrario, las economías emergentes sufrirán en mayor medida el impacto climático debido a sus condiciones demográficas, deficiente infraestructura, ineficiencia de los sistemas de alarma, escasez de recursos y falta de visión preventiva.

Finalmente, Javier González dijo que los desastres naturales relacionados con el clima se han vuelto cada vez más frecuentes desde finales de los años noventa, con un pico máximo de 401 eventos en 2005. A pesar de que ha declinado la frecuencia desde entonces, las inundaciones y las tormentas han empujado el promedio anual hasta 335 desastres anuales desde 2005 (una frecuencia 14 por ciento más elevada que en la década previa, y de más del doble que la registrada en la década de los ochentas).

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