Petróleo en México, la verdad

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Con instalaciones, oleoductos, maquinaria, transportes terrestres y marítimos y toda la infraestructura petrolera se encontró el presidente Cárdenas al iniciar las negociaciones para consumar la expropiación de marzo 18 de 1938. El representante de las compañías norteamericanas, especialmente de la Standard Oil Co. Donald Richberg, sostuvo tesis de críticas para el Gobierno mexicano y sus estructuras jurídicas. Los informes de los contenidos de las reuniones pasaban de W.F. Farish, presidente de la compañía Standard, al secretario de Estado Cordell Hull, quien en documento agresivo escribió: “Desde la toma por la fuerza de las propiedades petroleras extranjeras {…}, los propietarios de las mismas han protestado por la ilegalidad de este acto”. Las compañías exigían, entre otras cosas, inventario completo de los bienes incautados (sic), la justa y expedita indemnización, la garantía de su permanencia en México de sus funcionarios y operarios, hasta la liquidación del último céntimo. Las reuniones en la Ciudad de México y de Saltillo, Coahuila, aunque respetuosas por parte del Gobierno mexicano, siempre toparon con la soberbia prepotente de los EU, del Imperio Británico y de Holanda.

Los bloqueos comerciales y el cierre de los compradores de nuestros crudos hicieron que nuestro Gobierno vendiera petróleo a la Alemania Nazi y a la Italia Fascista. El comercio se suspendió en 1942, cuando fueron hundidos nuestros barcos petroleros: Potrero del Llano, Faja de Oro, Tuxpan, Choapas  y Amatlán,  por supuestos submarinos alemanes. Así, México fue impelido a declarar la guerra a las potencias del “eje”. Durante la guerra, se levantó el boicot petrolero contra México y nuestra industria dio indicadores de crecimiento. Hasta 1951, dejó de operar en México la última compañía extranjera: la Mexican Gulf Oil Company, a la que nuestro país le compraba el petróleo para refinarlo.

El último pago a las compañías expropiadas se efectuó en 1962. Tres años después con el objetivo de producir tecnología nacional e impulsar la investigación, se creó el Instituto Nacional del Petróleo. Para 1969-1970, se llegaron a producir medio millón de barriles diarios de crudo, que eran insuficientes para el consumo nacional. Se tuvo que importar petróleo para cubrir esa demanda. La exploración y la explotación de nuevos yacimientos de hidrocarburos se hizo obligada en Tamaulipas, Veracruz, Tabasco, Chiapas y Campeche. Buenos resultados se dieron en la segunda parte de los setenta, llegó México a producir dos millones quinientos mil barriles diarios (cuarto lugar mundial). Pero llegó la baja de los precios del barril, hasta $4.56 c/u. La crisis económica y financiera fue letal para nuestra economía que estaba petrolizada. El embate del Imperio fue despiadado.

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